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El problema no son las encuestas, ni las encuestadoras. Es el mal cubrimiento de las elecciones que hacen los medios de comunicaci├│n que las financian.

ÔÇťYou can replace lies with truth; but myth is only displaced with a narrative.ÔÇŁ
ÔÇô Nassim Nicholas Taleb

­čôů Publicado 4 Abril 2018, Actualizado 7 Agosto 2022

Encuestas 2018

┬┐Hay que prestarle atenci├│n a las encuestas antes de unas elecciones?

Algunos creen que no. La Silla Vac├şa (LSV) fue categ├│rica sobre las encuestas: no se puede aprender nada de los sondeos.

Puede que tengan raz├│n. Las encuestas acumulan bochornos en todas partes. A veces por desatinar la direcci├│n de sus predicciones. En un ejercicio de estad├şstica con las ganas, The Upshot del New York Times le di├│ 85% de probabilidad de ganar a Hillary Clinton en la v├şspera de las elecciones de 2016. Otras veces el problema es que aciertan la direcci├│n pero fallan en la precisi├│n. Aunque las encuestas en 2016 en Francia dieron a Macron como ganador sobre Le Pen, tuvieron un sesgo de m├ís de 10 puntos porcentuales del resultado final.

Hay otra explicaci├│n detr├ís de la desconfianza con las encuestas. Los medios de comunicaci├│n, parecen ser incapaces de lidiar con probabilidades. Tienden a malinterpretar los datos, a clasificar como certero lo incierto y a simplificar indebidamente la informaci├│n disponible para que entre, a veces a la fuerza, en una narrativa f├ícil de digerir. Dijo LSV sobre las encuestas en 2017: ÔÇťNuestro razonamiento es que si en realidad no son un instrumento totalmente confiable para sondear la intenci├│n electoral de los colombianos, cualquier an├ílisis que haga La Silla con base en ellas m├ís que informar puede despistarÔÇŁ (├ęnfasis a├▒adido). Los medios no saben escudri├▒ar una encuesta, ni c├│mo representar un pron├│stico probabil├şstico. No tienen la culpa, eso no es f├ícil de hacer. Pero hay algo m├ís preocupante detr├ís de ese razonamiento: creer que cualquier an├ílisis que se haga sobre un instrumento imperfecto como las encuestas solo puede despistar o, peor, est├í hecho con ese prop├│sito. Que todos los errores son malintencionados.

Esa perspectiva sobre las encuestas es muy colombiana, basada en la desconfianza, además de equivocada y perezosa.

Las encuestas son la ├║nica alternativa a la intuici├│n y el chisme. Tienen errores. Usan diferentes metodolog├şas y estrategias muestrales, unas mejores que otras. Algunas revelan la tasa de respuesta, el secreto mejor guardado de las encuestadoras, mientras que otras se la quedan. Las muestras no suelen ser lo suficientemente grandes para detectar se├▒ales. No sobran razones para cuestionar y criticar, incluso desconfiar, de las encuestas y de quienes las producen.

Estas recetas buscaban llenar un espacio vac├şo: reconocer que en las encuestas puede haber informaci├│n valiosa, y que probablmente vi├ęndolas todas juntas se puede entender mejor el panorama electoral. Ese espacio no se puede llenar con ├şndices pomposos sin detalles, salsas secretas ni subterfugios estad├şsticos.